Teatro Romano de Mérida


Origen del Teatro Romano de Mérida:

El Teatro de Mérida es un edificio proyectado en conjunto con el Anfiteatro desde el momento de la fundación de la ciudad. Según varias lápidas inscritas, la obra fue patrocinada por Agripa e inaugurada entre los años 16 y 15 a.C. No podía faltar, en una ciudad de la talla de Emérita Augusta, la presencia de estos edificios, ya que la en sociedad romana existía una gran afición por este tipo de espectáculos. Al mismo tiempo servía como herramienta de romanización para los habitantes que ya poblaban la zona.

Primeras Excavaciones en la zona del Teatro Romano:

El conocimiento del Teatro de Mérida es bastante reciente. Sus primeras excavaciones, dirigidas por José Ramón Mélida, datan del año 1910, la “scaena” fue objeto de restauración en tres fases, hasta la definitiva y actual llevada a cabo por el arquitecto José Menéndez Pidal desde 1962. A esta misma fase se debe la reconstrucción en piedra artificial de algunas de las gradas de la cavea, la restauración de algunos de los “vomitorios”, y parte de la columnata del prelistilo.

Detalles de la construcción:

Las gradas del Teatro de Mérida fueron concebidas para un total de 6.000 personas, proporción a propósito para una capital que recibiría espectadores de toda la provincia, y su traza, así como su orientación, entran dentro de las prescripciones “vitruvianas”, de modo que Mérida cuenta con un ortodoxo ejemplar dentro de la tipología del teatro, equiparable a las obras que se hicieron en Roma, como el Teatro de Pompeyo, o el Teatro Augusteo de Ostia, con los que presenta ciertas afinidades.

La ubicación del Teatro de Mérida y Anfiteatro de Mérida fue elegida por razonas topográficas. Ambos edificios se encuentran sobre una pendiente del Cerro de San Albín, apoyándose gran parte de su estructura en el terreno, economizándose de este modo esfuerzos y materiales de construcción.

El hemiciclo sobre el que se desarrollan las gradas, la “cavea”, se divide en 3 sectores para acoger, diferenciadamente, a las distintas clases sociales. El sector preferente y más próximo al espectáculo es la “ima cavea”, y aún delante de este sector existían 3 gradas con anchura suficiente para disponer asientos. Estas eran reservadas para alojar a las autoridades y estaban recubiertas de mármol del que hoy en día se conserva algún resto. Detrás de este graderío corre un estrecho pasillo, “praecinctio”, con el que se inicia la “ima cavea”, que es el sector más desarrollado del Teatro Romano de Mérida, con un total de 23 gradas y una dotación de puertas, escalerillas y pasillos que permitía una fluida entrada y salida de los espectadores. En su parte alta consta de 6 “vomitorios”, unidos internamente por un corredor abovedado que comunica al exterior mediante dos puertas. La “ima cavea” finaliza con un corte vertical, “balteus”, en el que se abren otros 5 “vomitorios” que comunican directamente con el exterior y marcan el punto de inicio de unas pequeñas escalerillas, “scalae”, que comunican el “praecinctio” bajo de la “ima cavea” con otro “praecinctio” que se desarrolla delante del “balteus”, como espacio final de la “ima cavea”.

La “media cavea” y la “summa cavea”, tienen poco desarrollo, con cinco gradas respectivamente separadas mediante otro “balteus”. Las puertas de estos graderíos están compuestas por unas escalinatas que comunicaban con el exterior, no quedando de estas más que los huecos que ocupó su construcción, que dividen esta parte superior en siete porciones, que recibieron popularmente el nombre de “las siete sillas” cuando era la única parte que sobresalía antes de excavar el Teatro Romano de Mérida.

La “orchestra” es semicircular, y conserva el pavimento original formado por losas rectangulares de mármol. El acceso se realiza por los “parodoi”, galerías en ángulo con entrada desde los frentes de hemiciclo, que se desarrollan bajo las gradas. Las puertas externas son de medio punto, con un correcto paramento de dovelas que destacan sobre el paramento del fondo, y que muestran el esmerado recorte del granito característico de la construcción augustea de Mérida.

La “scaena” está formada por una plataforma, elevada sobre el nivel de la “orchestra”, de 60 metros de longitud y 7 metros de fondo, cuyo frente, “proscaenium”, trazado con una movida línea de entrantes semicirculares y rectangulares, está limitado por dos pequeñas escaleras que comunicaban al “pulpitum” con la “orchestra”. En su suelo se han podido distinguir varios espacios socavados que serían infraestructuras apropiadas para artificios escénicos. En este mismo sentido, algunas piedras con orificios junto a la puerta central de la “scaena”, se interpretan como cajas donde se introducían los “periatti”, prismas triangulares que dotaban al espectáculo de diferentes decorados según el tipo de espectáculo.

El cierre de la “scaena” se conforma con una estructura monumental y de gran riqueza decorativa: el “frons scaenae”. En el entrante central, que es semicircular”, se abre la puerta principal, “valvae regia” y simétricamente, a ambos lados, en dos entrantes rectangulares, se ubican las dos entradas secundarias, “valvae hispitalium. Por estas tres puertas sería por donde accedían los diferentes actores.

En alzado del Teatro de Mérida, el “frons scaenae”, se ha reconstruido con dos órdenes de columnas superpuestos siguiendo la línea de la “scaenae” del teatro norteafricano de Sabratha, muy similar al de Mérida. El conjunto se completó con una interesante serie de esculturas que se ubicaron entre las columnas, sin que se sepa exactamente su disposición original. Parte de estas esculturas hacen alusión al pasaje en el que “Cora” raptada por “Plutón” se convierte en la infernal “Proserpina”. Los protagonistas de este mito; “Ceres”, “Plutón”, “Proserpina” y “Júpiter” se han identificado en una estatuaria monumental de considerable valor técnico. Junto a estas divinidades figuraron retratos humanos de los que se conservan solamente sus cuerpos, dos de ellos vestidos con toga y otros tres cubiertos con coraza. Detrás del “frons scaenae”, varias dependencias para los actores constituían el “postscaenium”.

Más allá del “postscaenium” se desarrollaba el “peristilo” que era una zona ajardinada y acotada en sus cuatro frentes por una doble columnata. Estas realizadas en granito recubierto de estuco y pintura.

Al fondo del “peristilo” existe una pequeña cámara rectangular donde se han producido numeroso hallazgos de interés como el conocido retrato de Augusto, velado como sumo pontífice, y un retrato de Tiberio, así como varias inscripciones relacionadas con el culto imperial. Se considera que esta estancia se destino a este culto, que después radicaría en el “Templo de Diana”.

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